Varios municipios del área metropolitana de València han comenzado a suspender las licencias para nuevos apartamentos turísticos y cambios de uso a vivienda en plantas bajas. Esta decisión responde a una doble problemática: la creciente presión sobre el mercado residencial y el elevado riesgo de inundaciones, evidenciado por la reciente DANA que afectó gravemente a la comarca de l'Horta Sud.
Puntos Clave
- Municipios de l'Horta Nord y Sud están aplicando moratorias y suspensiones de licencias para viviendas turísticas.
- La DANA del 29 de octubre ha sido un catalizador para prohibir nuevos usos residenciales en plantas bajas inundables.
- El objetivo es doble: proteger el mercado de alquiler residencial y garantizar la seguridad de los ciudadanos ante fenómenos meteorológicos extremos.
- Ayuntamientos como Quart de Poblet, Xirivella y Paiporta lideran estas medidas de contención urbanística.
Una doble amenaza para la vivienda
Los ayuntamientos del cinturón metropolitano de València enfrentan un desafío con dos caras. Por un lado, la expansión de los apartamentos turísticos, que reduce la oferta de alquiler a largo plazo y tensiona los precios. Por otro, la vulnerabilidad de sus infraestructuras ante el cambio climático, una realidad que la última DANA dejó patente de forma dramática.
Ante este escenario, la respuesta ha sido contundente. Consistorios de diferentes signos políticos han optado por utilizar herramientas urbanísticas para poner un freno temporal a esta transformación del parque inmobiliario. La medida más común es la suspensión de nuevas licencias, una moratoria que les permite ganar tiempo para estudiar el fenómeno y adaptar sus normativas.
Los pioneros en la contención del turismo
Incluso antes de las inundaciones, algunos municipios ya habían tomado cartas en el asunto. Quart de Poblet se adelantó en el verano de 2024 al aprobar por unanimidad una prohibición expresa de nuevas viviendas de uso turístico. Esta decisión blindó al municipio de la especulación mientras la norma siga en vigor.
En una línea similar, Burjassot fue uno de los primeros en reaccionar con suspensiones puntuales de licencias. Aunque no se trató de una moratoria general, sí fue una señal clara ante el aumento de solicitudes que comenzaban a presionar su planeamiento urbano.
La presión en la costa
En la franja litoral, donde la demanda turística es más intensa durante el verano, municipios como Puçol y Alboraya han reforzado los controles administrativos. En zonas como la Patacona, en Alboraya, la presión es constante y el debate sobre una moratoria total sigue abierto ante las quejas vecinales por el impacto en la convivencia y el acceso a la vivienda.
El punto de inflexión de la DANA en l'Horta Sud
Si la presión turística era el principal motor de las restricciones en l'Horta Nord y la capital, la DANA del pasado 29 de octubre cambió por completo el paradigma en l'Horta Sud. Las imágenes de centenares de plantas bajas anegadas por el agua actuaron como un acelerador para una acción coordinada en la comarca.
La lógica detrás de las nuevas suspensiones es simple y directa: evitar que se habiliten nuevas viviendas en zonas que han demostrado ser altamente vulnerables a las inundaciones. La seguridad de las personas se ha convertido en el argumento principal para detener los cambios de uso de locales comerciales a viviendas o apartamentos turísticos.
Un aumento "inusual" de solicitudes
El Ayuntamiento de Paiporta detectó un incremento "inusual" en las solicitudes de licencias para convertir plantas bajas en viviendas justo después de la DANA. Esta situación anómala motivó la aprobación de una moratoria de hasta dos años para estudiar el fenómeno y adaptar la normativa urbanística al nuevo escenario de riesgo climático.
La respuesta coordinada de los municipios
La reacción en l'Horta Sud ha sido rápida y generalizada, aunque cada municipio ha adaptado la medida a su realidad. A continuación, se detallan las acciones de los principales ayuntamientos afectados:
- Xirivella: Fue uno de los primeros en reaccionar. Tras constatar los graves daños en numerosas plantas bajas, el gobierno local suspendió la concesión de nuevas licencias para cambios de uso, tanto a residencial como a turístico.
- Sedaví: Siguió un camino similar, paralizando temporalmente la implantación de nuevos usos residenciales en zonas de riesgo mientras se revisa su plan urbanístico.
- Alfafar: Acotó la suspensión a las áreas más vulnerables que quedaron en evidencia durante las inundaciones, con el objetivo de reordenar el crecimiento urbano en función del riesgo hídrico.
- Albal: También se sumó a la iniciativa, deteniendo las conversiones a vivienda y alojamiento turístico en plantas bajas para evaluar la situación.
- Paiporta: Además de la moratoria de dos años, el consistorio trabaja en un nuevo marco normativo que tenga en cuenta los mapas de inundabilidad actualizados.
"Permitir nuevas ocupaciones en áreas susceptibles de anegarse incrementa el riesgo para las personas", argumentan desde varios de los consistorios afectados para justificar la paralización de licencias.
Hacia un nuevo modelo urbano
La combinación de la presión turística y la emergencia climática está forzando a los municipios valencianos a repensar su modelo de ciudad. Las moratorias y suspensiones no son una solución definitiva, sino un paso necesario para analizar la situación y legislar con una visión a largo plazo.
El objetivo final es compartido por todos los ayuntamientos: crear un entorno urbano más resiliente, que proteja el derecho a la vivienda de sus vecinos y garantice la seguridad ante fenómenos meteorológicos que, como advierten los expertos, serán cada vez más frecuentes y virulentos. La adaptación del planeamiento urbanístico al riesgo hídrico y la regulación del mercado turístico se han convertido en las dos grandes prioridades para el futuro del área metropolitana de València.





