El transporte público de València y su área metropolitana vive una situación paradójica. Mientras los datos oficiales celebran cifras récord de pasajeros en autobuses, metro y trenes de Cercanías, los usuarios denuncian un servicio al borde del colapso, marcado por aglomeraciones constantes, retrasos frecuentes y una clara falta de inversión que amenaza la sostenibilidad del sistema.
La apuesta ciudadana por una movilidad más sostenible choca frontalmente con la realidad de un servicio que no ha crecido al mismo ritmo que su demanda. Esta situación, que se agrava en horas punta, genera frustración y pone en duda la capacidad de las administraciones para gestionar este éxito de afluencia.
Puntos Clave
- Récord de usuarios: EMT, Metrovalencia y Renfe Cercanías han registrado cifras históricas de viajeros, superando los niveles previos a la pandemia.
- Servicio insuficiente: Los usuarios reportan masificación extrema, impuntualidad sistemática y averías constantes en todas las redes.
- Déficit de inversión: Expertos y sindicatos señalan que la oferta de transporte en València es muy inferior a la de Madrid o Barcelona, lo que provoca la saturación actual.
- Impacto en la vida diaria: La mala calidad del servicio afecta a miles de trabajadores y estudiantes, generando estrés y problemas de conciliación.
EMT: Autobuses llenos y esperas interminables
La Empresa Municipal de Transportes (EMT) ha visto cómo sus vehículos se convertían en uno de los epicentros del problema. Durante el primer semestre del año, se superaron los 61 millones de usuarios, un 5,5% más que en el mismo periodo de 2024 y un 23% más que en 2023. Sin embargo, este aumento no se ha traducido en una mejora del servicio.
La Federación de Asociaciones Vecinales de València ha recogido quejas de múltiples barrios, señalando una situación dominada por la "falta de previsión, la baja frecuencia y los retrasos constantes". Líneas como la C3, 99 y 92, las más demandadas, son también las que más sufren la masificación.
Testimonios de un servicio desbordado
Los ejemplos son numerosos y afectan a toda la ciudad. La línea 95, que conecta con la Ciudad de las Artes y las Ciencias, se ve colapsada cada vez que llega un crucero al puerto, dejando sin servicio a los vecinos de barrios como Natzaret. Otras, como la 31, la 81 o la 28, son intransitables en horas punta, especialmente por la mañana, cuando coinciden estudiantes y trabajadores.
"En la línea 28 entre las 8 y las 9 prácticamente no se puede entrar, como en muchos momentos del C3 o el 11", señalan desde la federación vecinal.
Desde el comité de empresa de la EMT, su presidente, Ibán Alcalá, atribuye los problemas a una combinación de factores. "Algunos retrasos son consecuencia de que València está completamente en obras", explica, pero también admite que "falta que lleguen los nuevos autobuses". Además, apunta a problemas logísticos, como la falta de materiales para reparar vehículos averiados, lo que deja unos 20 coches en talleres sin poder salir cada día.
Una ciudad que cambia de hábitos
Una investigación de Juan Miguel Albertos, catedrático de Geografía Humana de la Universitat de València, revela que el tráfico motorizado en los accesos a la capital se ha reducido un 15% entre 2008 y 2023. En el mismo periodo, el uso de la bicicleta ha crecido un 80% y los viajeros en transporte público un 15%, demostrando un claro cambio de mentalidad en la movilidad ciudadana que la infraestructura actual no puede soportar.
Metrovalencia: Frecuencias bajas y averías diarias
La red de Metrovalencia, gestionada por la Generalitat, no se encuentra en una situación mejor. En 2024 cerró con un récord histórico de 91,1 millones de usuarios, un tercio más que hace cinco años. A pesar de este éxito, los viajeros habituales describen una experiencia diaria "insoportable".
Las principales quejas se centran en las bajas frecuencias, con esperas que superan los 10 minutos de media fuera de las estaciones más céntricas, y un horario de cierre temprano, sobre las 23:00 horas entre semana. A esto se suma una concatenación de averías que se ha vuelto rutinaria.
Comparativa de oferta
Según el Observatorio de la Movilidad Metropolitana, la oferta de transporte público en València es de 4.600 plazas-kilómetro por habitante al año. Esta cifra contrasta drásticamente con las 8.700 de Barcelona y las 10.000 de Madrid, lo que evidencia una infradotación estructural.
"Cada mañana subo en Ayora en la línea 5 y nunca logro sentarme, los vagones están llenos de maletas y turistas", cuenta Paula, una usuaria diaria. "En Xàtiva o Àngel Guimerà no cabe un alfiler, es insoportable", lamenta. Otra usuaria, Sandra, que coge el metro en Godella, describe la situación como "ir hacinados, notando la respiración de los demás".
Los sindicatos ferroviarios llevan meses de movilizaciones para denunciar la situación. César Sánchez, del Sindicato Independiente Ferroviario, habla de una "situación que no hemos vivido en décadas", marcada por la falta de plantilla e inversión. "En la línea 3 padecemos cortes constantes, mientras que el tranvía está instalado en una situación degradada, con la línea 4 averiada cada día", denuncia Sánchez.
Cercanías: La impuntualidad como norma
La red de Cercanías de Renfe, dependiente del Gobierno central, completa el panorama de un sistema de transporte público deficiente. Los datos de la propia operadora son reveladores: en octubre, solo el 64,2% de los trenes cumplieron su horario, la peor cifra del año. El retraso medio de los convoyes que llegaron tarde fue de 9,1 minutos.
A pesar de estos problemas, los servicios de Cercanías de València transportaron a más de 20,9 millones de viajeros en 2024, un millón más que el año anterior. Rafael Villalba, portavoz de la plataforma Indignats amb Renfe, critica que el servicio no cumple con las exigencias básicas de puntualidad, comodidad y fiabilidad.
"Vemos falta de puntualidad con horarios que no sirven a la ciudadanía, mal estructurados, y con cancelaciones sin repercusión para la empresa. En cuanto a la comodidad, está completamente olvidada, con mobiliario roto y tapicería sucia", afirma Villalba.
Desde la Asociación Valenciana de Consumidores y Usuarios (AVACU), su director, Julián Tío, confirma un aumento de las quejas por aglomeraciones, falta de información ante incidencias y alternativas de transporte que llegan tarde o son insuficientes.
La situación de los tres principales operadores de transporte público en València dibuja un escenario preocupante. Mientras la ciudadanía demuestra con cifras récord su voluntad de usar alternativas al vehículo privado, las administraciones parecen incapaces de ofrecer un servicio a la altura, convirtiendo el éxito de la demanda en un fracaso de la gestión.





