El juicio por el asesinato del canónigo emérito de la Catedral de Valencia, Alfonso López Benito, ha concluido esta semana, dejando al jurado popular con la difícil tarea de emitir un veredicto. El proceso judicial no solo ha buscado esclarecer quién acabó con la vida del religioso en enero de 2024, sino que también ha destapado una vida oculta marcada por encuentros secretos y contradicciones que complican la resolución del caso.
Miguel V.N., el único acusado, se enfrenta a una petición de 28 años de cárcel mientras mantiene su inocencia. La Fiscalía lo sitúa en la escena del crimen, pero la defensa denuncia una investigación con importantes lagunas, incluyendo perfiles de ADN y huellas dactilares que no han sido identificados.
Puntos Clave del Caso
- El jurado popular delibera el veredicto por el asesinato del canónigo Alfonso López Benito, ocurrido en enero de 2024.
- El único acusado, Miguel V.N., se declara inocente del crimen, aunque admite haber usado las tarjetas bancarias de la víctima.
- La autopsia confirmó que la muerte fue violenta, por asfixia y estrangulamiento, sin que la víctima pudiera defenderse.
- En la vivienda se encontraron siete huellas dactilares y perfiles de ADN de al menos dos personas desconocidas.
- El juicio ha revelado que el canónigo mantenía encuentros sexuales con hombres vulnerables a cambio de dinero o alojamiento.
Una muerte violenta y una escena del crimen llena de dudas
Alfonso López Benito fue hallado sin vida en su domicilio de la calle Avellanas, en el corazón histórico de Valencia. La investigación forense fue contundente: murió por un mecanismo combinado de estrangulamiento y sofocación. Los expertos que testificaron en el juicio explicaron que el ataque fue frontal y sostenido durante varios minutos, y destacaron la ausencia total de lesiones defensivas en el cuerpo del religioso.
El cadáver fue encontrado en ropa interior y cubierto con una colcha, un detalle que sugiere que fue movido después del fallecimiento. Sin embargo, la escena del crimen presenta más preguntas que respuestas. Los investigadores no encontraron huellas dactilares ni rastros de ADN del acusado, Miguel V.N.
Evidencia sin identificar
Los análisis de la Policía Científica revelaron la presencia de siete huellas dactilares anónimas y perfiles genéticos de al menos dos individuos desconocidos, localizados en objetos tan personales como un cepillo de dientes y la funda de una almohada. Estos hallazgos son uno de los pilares de la defensa para argumentar que la investigación no se ha completado.
Para los peritos, la ausencia de rastros del acusado no descarta su presencia en el lugar. La vivienda estaba perfectamente ordenada, lo que podría indicar una limpieza exhaustiva para eliminar pruebas. Esta pulcritud contrasta con la violencia del crimen.
La versión del acusado frente a las pruebas de la Fiscalía
Miguel V.N. ha mantenido una única versión durante el juicio: no mató a Alfonso López Benito. Sí admitió haber utilizado las tarjetas de crédito del fallecido para retirar dinero de varios cajeros automáticos. Según su relato, un conocido llamado "Manuel", de origen colombiano, le entregó las tarjetas y el teléfono móvil del canónigo horas después del crimen, proponiéndole repartir el dinero.
La figura de "Manuel" se ha convertido en un elemento central. Para la Policía Nacional, este segundo hombre es un "amigo imaginario", un recurso utilizado por el acusado para desviar la responsabilidad penal. El jefe del grupo de Homicidios declaró que es una táctica común en algunos delincuentes.
"El teléfono del acusado se encontraba en la calle Avellanas durante la franja horaria en que se cometió el crimen. Ambos móviles, el suyo y el de la víctima, abandonaron juntos la vivienda de madrugada", afirmó el fiscal durante sus conclusiones.
La acusación se apoya en el posicionamiento de los teléfonos móviles y en las contradicciones del acusado, quien no mencionó la existencia de "Manuel" hasta un año después de su detención. Además, la policía sostiene que la voz de Miguel V.N. fue identificada en las gestiones realizadas desde el móvil de la víctima para intentar recuperar el PIN de las tarjetas bancarias.
La doble vida del canónigo
El juicio ha servido para sacar a la luz una faceta desconocida de Alfonso López Benito. Varios testigos, incluyendo al portero del edificio y a su asistente personal, describieron una rutina de encuentros con hombres jóvenes en situación de vulnerabilidad.
Encuentros a cambio de ayuda
Según los testimonios, el canónigo ofrecía dinero, comida o un techo a cambio de mantener relaciones sexuales. Estos encuentros no siempre eran pacíficos; se relataron discusiones por los pagos e incluso denuncias verbales de algunos jóvenes por tocamientos no consentidos. El portero llegó a declarar que el religioso desconectó el telefonillo de su casa y, en ocasiones, encerraba a los jóvenes con llave cuando salía.
Uno de estos hombres, un joven con una discapacidad intelectual, declaró como testigo. Confirmó haber pasado el fin de semana previo al crimen en la casa del canónigo, donde compartió cama con él y admitió "tocamientos consentidos". Su ADN fue hallado en las sábanas, junto a una mancha de sangre que no supo explicar.
Un veredicto en manos del jurado
Con el juicio visto para sentencia, la responsabilidad recae ahora en los miembros del jurado popular. Deberán valorar un caso complejo, basado en gran medida en pruebas indirectas y testimonios que dibujan un escenario lleno de sombras.
La defensa insiste en que la investigación se ha cerrado "en falso", sin explorar todas las vías posibles. Cuestionan por qué no se analizaron los ordenadores y memorias USB encontrados en la casa del sacerdote o por qué no se investigó a fondo a otras personas cuyos restos biológicos sí aparecieron en la escena.
Por su parte, la Fiscalía admite que pueden faltar algunas piezas en el puzle, pero considera que las existentes son suficientes para condenar a Miguel V.N. Ahora, la decisión final sobre su culpabilidad o inocencia está a punto de conocerse.





