El juicio por el asesinato de Alfonso López Benito, canónigo emérito de la Catedral de Valencia, comienza este lunes en la Ciudad de la Justicia. Un jurado popular deberá determinar la culpabilidad de Miguel T. V., el único acusado, en un caso marcado por la ausencia de sus huellas en la escena del crimen y la revelación de una doble vida del religioso.
El procesado se enfrenta a una petición de 28 años de cárcel por asesinato, robo con violencia y estafa, mientras su defensa niega su participación en la muerte y apunta a un segundo hombre que sigue sin identificar.
Puntos Clave
- El juicio con jurado popular arranca el lunes 26 de enero y se extenderá durante siete sesiones.
- La Fiscalía solicita 28 años de prisión para el único acusado, Miguel T. V., por asesinato, robo y estafa.
- No se encontraron huellas ni ADN del acusado en el domicilio de la víctima, pero sí material genético de un varón desconocido.
- La investigación destapó que el canónigo mantenía presuntamente encuentros con jóvenes vulnerables a cambio de dinero y alojamiento.
El caso llega a la Audiencia de Valencia
Un año después del suceso que conmocionó a la sociedad valenciana, el caso del asesinato de Alfonso López Benito llega a los tribunales. El religioso, de 80 años, fue hallado sin vida en su domicilio de la calle Avellanas el 21 de enero de 2024. La autopsia confirmó que murió por asfixia tras ser inmovilizado y estrangulado sobre su cama.
La investigación policial condujo a la detención de Miguel T. V., un joven de origen peruano sin antecedentes penales que mantenía una relación de amistad con el canónigo. Ahora, un tribunal popular será el encargado de examinar las pruebas y testimonios para esclarecer lo que ocurrió aquella noche.
Una figura respetada en la Iglesia valenciana
Alfonso López Benito era una figura conocida y respetada dentro de la archidiócesis. Nombrado canónigo de la Catedral en 2015, era doctor en Derecho Canónico y experto en la historia de los mártires valencianos. Desempeñó funciones en el Tribunal Eclesiástico y fue profesor en la Universidad Católica de Valencia, manteniendo una estrecha relación con el cardenal Antonio Cañizares.
Dos versiones enfrentadas en el juicio
El juicio se centrará en dos relatos completamente opuestos. La Fiscalía sostiene una versión de los hechos que implica directamente al acusado, mientras que la defensa lo exculpa del crimen más grave.
La acusación de la Fiscalía
Según el escrito del ministerio público, Miguel T. V. acudió al domicilio del canónigo la noche del crimen en compañía de otra persona no identificada. La fiscalía argumenta que actuaron de común acuerdo, aprovechando la confianza que la víctima tenía en el acusado para que les abriera la puerta.
Una vez dentro, y con el objetivo de robarle, lo habrían arrojado sobre la cama, tapándole la boca y estrangulándole hasta causarle la muerte. Posteriormente, se apoderaron de su teléfono móvil y varias tarjetas bancarias, con las que realizaron reintegros y compras por un valor superior a los 2.300 euros en las horas y días siguientes.
El ministerio público considera que los asaltantes acabaron con la vida del anciano "sin que tuviera oportunidad alguna de defenderse", lo que justifica la calificación de asesinato.
La defensa apunta a un segundo hombre
La defensa de Miguel T. V. presenta una narrativa muy diferente. Sostiene que el acusado no estuvo en el domicilio la noche del crimen y que, por tanto, no participó en la muerte del religioso. Reconoce únicamente el delito de estafa por el uso de las tarjetas de crédito.
Según esta versión, fue otro hombre, a quien el acusado identifica como "Manuel", un temporero colombiano, quien le entregó el teléfono y las tarjetas de la víctima en un parque cercano. La defensa subraya que este segundo implicado le advirtió que no dijera nada a la policía bajo amenaza de "atenerse a las consecuencias".
La prueba clave: ADN de un desconocido
El punto más conflictivo para la acusación es la ausencia de pruebas físicas que sitúen a Miguel T. V. en la escena del crimen. Los análisis de la Policía Científica no encontraron huellas dactilares ni restos de ADN del procesado en la vivienda. Sin embargo, sí se hallaron restos genéticos y dactilares de otro varón que, hasta la fecha, no ha sido identificado.
La doble vida del canónigo
La investigación del asesinato sacó a la luz una faceta desconocida de Alfonso López Benito. Los agentes descubrieron que el sacerdote mantenía presuntamente encuentros sexuales con hombres jóvenes en situación de vulnerabilidad. A cambio de las relaciones, les proporcionaba dinero, comida y alojamiento en su propia casa.
Esta situación no era del todo desconocida en el entorno del edificio. Varios vecinos se habían quejado en repetidas ocasiones por el trasiego de personas, algunas con antecedentes o problemas de adicciones, que acudían al piso del canónigo. Años atrás, el sacerdote llegó a recibir amenazas de una de estas personas.
- Quejas vecinales: Los residentes del edificio habían alertado sobre las visitas que recibía el canónigo.
- Jóvenes vulnerables: La investigación apunta a que ofrecía entre 200 y 300 euros, además de alojamiento.
- Respuesta del Arzobispado: La archidiócesis, que ha renunciado a personarse como acusación, admitió haber "apercibido" al religioso dos años antes por las quejas, aunque afirmó que nunca se aludió a la naturaleza de los encuentros.
El juicio que comienza este lunes no solo buscará determinar quién mató a Don Alfonso, sino que también pondrá el foco sobre las complejas circunstancias que rodearon su vida y su trágica muerte, con un acusado que niega los hechos y la sombra de un cómplice desconocido cuya identidad sigue siendo un misterio.





