Los trayectos en tren de alta velocidad entre Madrid y Valencia se han ralentizado considerablemente, alcanzando duraciones de hasta tres horas, un tiempo similar al del viaje por carretera. Estas demoras son el resultado directo de las limitaciones de velocidad impuestas por Adif como medida de precaución tras una serie de incidentes recientes en la infraestructura ferroviaria, generando inquietud entre los viajeros habituales.
Puntos Clave
- El tiempo de viaje en alta velocidad entre Madrid y Valencia ha aumentado a tres horas.
- Adif ha impuesto límites de velocidad de 160 km/h y 200 km/h en varios tramos de la línea.
- Las medidas de seguridad se han intensificado tras el descarrilamiento de un tren en Adamuz.
- Pasajeros de Iryo y Ouigo reportan retrasos de hasta una hora en sus trayectos.
- Los maquinistas continúan informando sobre vibraciones en nuevos puntos de la vía.
La nueva normalidad para los pasajeros
Viajar entre la capital de España y Valencia en tren de alta velocidad ya no es sinónimo de rapidez. Pasajeros de distintas compañías, como Iryo y Ouigo, están experimentando retrasos sistemáticos que prolongan el viaje hasta una hora más de lo habitual. Recientemente, un tren de Iryo que cubría esta ruta tardó tres horas en llegar a la estación Joaquín Sorolla.
Un viajero que se encontraba a bordo de este servicio relató que la propia maquinista se dirigió a los pasajeros para informarles sobre el "estado de las infraestructuras" como causa principal de la demora. Esta comunicación directa desde la cabina, aunque tranquilizadora en términos de transparencia, subraya la creciente preocupación por la fiabilidad de la red.
"Entiendo que, si los trenes de delante van frenándose y parándose, es normal que los que vamos detrás nos ralenticemos. Los comentarios de los pasajeros trataban de entender la situación y decían que era por nuestra seguridad", señaló un pasajero afectado.
Este sentimiento es compartido en otros servicios. Un tren de la compañía Ouigo, también en la ruta Madrid-Valencia, permaneció detenido varios minutos en Seseña (Toledo), acumulando finalmente un retraso de 60 minutos.
Límites de velocidad la causa principal
La raíz de estas demoras se encuentra en las directrices emitidas por el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif). La entidad ha establecido limitaciones de velocidad preventivas en varios puntos críticos de la línea de alta velocidad que conecta Madrid con la Comunitat Valenciana.
Estas medidas se implementaron como respuesta a una sucesión de incidencias, siendo el descarrilamiento de un tren de Iryo en Adamuz el detonante principal que activó las alarmas sobre la seguridad de la vía.
Puntos con Velocidad Reducida
- 160 km/h: En la aguja de Vilarrubia de Santiago (Toledo).
- 160 km/h: En un tramo de un kilómetro en el punto kilométrico 292, entre Minglanilla (Cuenca) y Caudete de las Fuentes (Valencia).
- 200 km/h: En un tramo de 700 metros en el punto kilométrico 222, entre Cuenca y Monteagudo de las Salinas.
Estos límites, aunque necesarios para garantizar la seguridad de los pasajeros, son la causa directa de que los tiempos de viaje se hayan disparado. Lo que antes era un trayecto de menos de dos horas se ha convertido en una alternativa que compite en duración con el coche particular.
La infraestructura bajo vigilancia constante
La situación actual ha puesto el foco en el estado general de la red de alta velocidad. Más allá de los puntos ya identificados por Adif, los propios maquinistas han comenzado a reportar nuevas incidencias. Según fuentes del sector, los conductores de los trenes están presentando denuncias internas sobre tramos donde perciben vibraciones anómalas durante la circulación.
El Incidente de Adamuz
El pasado 20 de enero de 2026, un tren de la compañía Iryo descarriló en la localidad de Adamuz (Córdoba). Aunque no hubo heridos de gravedad, el suceso provocó una revisión exhaustiva de los protocolos de seguridad y del estado de las infraestructuras en toda la red de alta velocidad, llevando a la implementación de las actuales restricciones de velocidad en la línea Madrid-Valencia.
Esta monitorización continua por parte del personal de conducción es clave para prevenir futuros accidentes. Sin embargo, también sugiere que los problemas en la infraestructura podrían ser más extensos de lo inicialmente detectado, lo que podría llevar a nuevas limitaciones o a trabajos de mantenimiento que afecten al servicio en el futuro.
Mientras tanto, los viajeros se enfrentan a un dilema: la tranquilidad de saber que se prioriza su seguridad a costa de una pérdida significativa de la principal ventaja del tren de alta velocidad: el tiempo. La incertidumbre sobre la duración de estas medidas mantiene en vilo a miles de usuarios que dependen de esta conexión clave para sus desplazamientos por trabajo o motivos personales.





