El Partido Socialista del País Valenciano (PSPV) atraviesa un periodo complejo en sus feudos municipales de la provincia de Valencia. Conflictos internos, la gestión de las secuelas de la DANA y el riesgo de fugas políticas marcan un final de año convulso para la formación, que debe hacer frente a un escenario político cada vez más competitivo.
Puntos Clave
- La dirección provincial de Carlos Fernández Bielsa evidencia tensiones internas tras unas primarias muy reñidas.
- El caso de Almussafes, con la salida del alcalde del partido, abre el riesgo de una escisión similar a la de Ontinyent.
- La gestión post-DANA ha provocado la dimisión de una alcaldesa en l'Horta Sud y sigue generando desgaste político.
- Los socialistas han logrado recuperar la alcaldía de Chiva pero fracasaron en su intento de moción de censura en Torrent.
Una dirección provincial bajo la lupa
El liderazgo de Carlos Fernández Bielsa al frente de la secretaría general provincial del PSPV-PSOE se consolidó en un proceso de primarias que dejó entrever las divisiones internas. Su victoria fue ajustada frente a Robert Raga, alcalde de Riba-roja, lo que evidenció un partido con equilibrios delicados.
Esta tensión se reflejó en el Comité Municipalista celebrado el pasado 18 de diciembre. Fuentes del partido señalan que la asistencia fue limitada, con la presencia de apenas una veintena de los casi cien alcaldes socialistas de la provincia. Este dato ha sido interpretado internamente como una muestra de las dificultades para cohesionar a todos los sectores del partido.
La presidencia de este órgano recayó en Cristina Mora, alcaldesa de Quart de Poblet. Su nombramiento se considera un movimiento estratégico para reequilibrar fuerzas, ya que Mora apoyó inicialmente a Raga en las primarias antes de alinearse con Bielsa. Sin embargo, ella misma afronta un escenario incierto en su agrupación local, donde podría enfrentarse a primarias para revalidar su candidatura.
El 'cinturón rojo' valenciano
La comarca de l'Horta Sud, conocida históricamente como el 'cinturón rojo', es un bastión tradicional del socialismo valenciano. Mantener la hegemonía en estos municipios es crucial para la estrategia electoral del PSPV en la provincia de Valencia.
Almussafes: la crisis que amenaza con una escisión
El episodio más crítico para los socialistas a finales de año se vive en Almussafes. Su alcalde desde 2015, Toni González, se dio de baja del partido tras ser denunciado por un presunto caso de acoso laboral y sexual, acusaciones que él niega y enmarca en un conflicto laboral.
A pesar de abandonar la militancia, González no ha dimitido y continúa gobernando como concejal no adscrito. El problema para el PSPV es que mantiene el respaldo de los ocho concejales que formaban el grupo socialista, lo que impide a la dirección del partido forzar su salida institucional sin provocar una ruptura total en el consistorio.
Toni González ha ganado tres elecciones consecutivas con mayoría absoluta en Almussafes, consolidándose como un referente municipal para el PSPV hasta la fecha de la denuncia.
La dirección provincial, liderada por Bielsa, ha optado por nombrar una gestora en la agrupación local. La decisión ha generado controversia, especialmente por la inclusión como vocal de la secretaria comarcal, Manoli Egea, quien había mostrado públicamente su apoyo al alcalde y puesto en duda la denuncia.
"El caso de Almussafes no es solo un problema disciplinario. Supone el riesgo real de una fuga de concejales hacia otras formaciones, como ya ocurrió en Ontinyent con Ens Uneix", analiza un cargo comarcal del partido.
El temor es que el alcalde y su equipo puedan unirse a otra formación política, replicando el modelo de Jorge Rodríguez en Ontinyent. Esto supondría para el PSPV la pérdida no solo de una alcaldía importante, sino también de un diputado provincial.
El impacto de la DANA en la gestión municipal
La gestión de las catastróficas inundaciones del 29 de octubre sigue pasando factura política en los municipios afectados, especialmente en l'Horta Sud. El caso más notable es el de Paiporta, donde la alcaldesa Maribel Albalat, cercana a Bielsa, dimitió el pasado junio.
Albalat, que ya lidiaba con problemas de salud, se vio sometida a una enorme presión política y mediática en uno de los municipios más devastados por la riada. Su salida dejó la alcaldía en manos de Vicent Císcar, quien ha reconocido no tener decidido si se presentará como candidato en 2027.
En Paiporta, concejales de distintas formaciones admiten que persiste un clima de desafección ciudadana y un crecimiento de discursos populistas. Este contexto, sumado al desgaste del PSPV y el PP por la gestión de la DANA y el auge de Vox, dibuja un futuro electoral incierto.
Sin embargo, la gestión de la emergencia no ha sido negativa para todos. En otros municipios, la respuesta a la catástrofe ha reforzado a los alcaldes socialistas:
- Sedaví: El alcalde José F. Cabanes parece haber consolidado su apoyo gracias a su gestión de la crisis, según fuentes locales.
- Picanya: Josep Almenar también mantiene un respaldo social transversal, con un reconocimiento a su actuación durante la DANA que llega incluso desde las filas del PP.
Luces y sombras en las mociones de censura
El balance municipal del PSPV también incluye victorias. En Chiva, los socialistas recuperaron la alcaldía gracias a una moción de censura pactada con Compromís y fuerzas locales que convirtió en alcalde a Ernesto Navarro. Es la segunda moción exitosa en un municipio afectado por la DANA, después de la de Requena.
La cara opuesta se vivió en Torrent. Durante semanas se negoció una moción de censura para desbancar a la alcaldesa del PP, Amparo Folgado. La operación, que iba a liderar el exalcalde socialista Jesús Ros con el apoyo de Compromís y un exconcejal de Vox, fue finalmente abortada por la dirección autonómica del partido.
Esta decisión generó malestar en la agrupación local y evidenció las divergencias estratégicas entre las diferentes esferas del partido, dejando al PSPV de Torrent en una posición políticamente incómoda.
En conjunto, el PSPV valenciano cierra el año enfrentándose a una doble presión: la necesidad de mantener la cohesión interna y la obligación de gestionar un mapa político transformado por la DANA, con nuevos actores capaces de capitalizar el descontento. La resolución de la crisis de Almussafes será clave para medir su fortaleza de cara al futuro.





