La Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) ha ratificado que el topónimo oficial de la capital de la Comunitat Valenciana seguirá siendo "València", con tilde abierta. En una decisión adoptada en su último pleno, la institución normativa ha rechazado la propuesta impulsada por el gobierno municipal de PP y Vox para cambiar la denominación a una fórmula bilingüe, "Valéncia/Valencia", que incluía el acento cerrado en su versión en valenciano.
Esta resolución, comunicada a la Dirección General de Administración Local de la Generalitat, frena el intento de modificación y mantiene la forma única y en valenciano establecida en 2016. La AVL ejerce así su competencia como máxima autoridad lingüística en la fijación de la toponimia oficial de la región.
Puntos Clave
- La Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) ha emitido un informe negativo sobre el cambio de nombre de la ciudad de València.
- La propuesta del Ayuntamiento, apoyada por PP y Vox, buscaba establecer la doble denominación "Valéncia/Valencia".
- La decisión mantiene la forma oficial actual, "València" con tilde abierta, aprobada en 2016.
- El dictamen de la AVL es preceptivo y vinculante en materia de toponimia, cerrando así el debate administrativo.
La Decisión Institucional Pone Fin al Debate
El pleno de la Acadèmia Valenciana de la Llengua ha ejercido su autoridad para resolver una de las cuestiones más simbólicas de la política local reciente. La institución ha aprobado un informe que desestima la solicitud de cambio del topónimo de la ciudad, una iniciativa que el pleno del Ayuntamiento de València, con los votos de PP y Vox, acordó elevar a la Generalitat el pasado 22 de diciembre.
El procedimiento administrativo establece que es la Generalitat la competente para oficializar los nombres de los municipios, pero debe solicitar obligatoriamente un informe a la AVL. Según la ley de su creación, la Acadèmia tiene la función de "fijar, a solicitud de la Generalitat, las formas lingüísticamente correctas de la toponimia" de la Comunitat Valenciana.
Con este dictamen negativo, el proceso iniciado por el consistorio queda paralizado. La AVL ha optado por mantener la coherencia con su propia resolución de 2016, cuando avaló la denominación exclusiva "València".
Un Debate con Historia
La cuestión sobre la tilde del nombre de la ciudad no es nueva. Ha sido un tema de debate filológico y político desde la creación de la propia AVL en 2001. La institución siempre ha defendido la grafía con tilde abierta ("è") basándose en criterios históricos y lingüísticos consolidados, una postura que ya quedó reflejada en su primer diccionario normativo.
Los Argumentos Enfrentados
La propuesta del gobierno de María José Catalá se sustentaba principalmente en un informe técnico del filólogo y también académico Abelard Saragossà. Dicho informe defendía la denominación bilingüe y el uso de la tilde cerrada ("é") en la forma valenciana, argumentando que esta se ajusta mejor a la pronunciación mayoritaria y tradicional de los habitantes de la ciudad.
Desde el Ayuntamiento se defendió que no se trataba de una medida en contra de la AVL, sino de una revisión basada en nuevos argumentos, citando como ejemplo el cambio de acento en el topónimo de l'Énova para adecuarlo a la fonética local.
Sin embargo, la mayoría del pleno de la Acadèmia ha considerado que no existen novedades lingüísticas suficientes para justificar una modificación del nombre oficial. La decisión se alinea con dictámenes anteriores, como el emitido en 2025 sobre el municipio alicantino de l'Orxa, donde se rechazó cambiar el nombre a "Lorxa" a pesar de su uso coloquial y su presencia en documentos antiguos, al no encontrar fundamentos filológicos sólidos para el cambio.
El Precedente de 2016
En marzo de 2016, el pleno del Ayuntamiento de València, entonces bajo el mandato de Joan Ribó, aprobó por unanimidad la denominación oficial única "València". Ese mismo año, la AVL emitió un informe favorable que consideraba esta grafía como la más "adecuada" desde una perspectiva histórica y lingüística, con 13 votos a favor y 5 en contra.
El Contexto Político y la Presión sobre la AVL
La decisión de la AVL no puede desligarse del tenso clima político que rodea a la institución y a la gestión del valenciano. Desde la llegada de Vox al gobierno autonómico como socio del PP, la Acadèmia ha sido objeto de críticas constantes por parte de la formación de ultraderecha, que la califica de "separatista" y ha promovido recortes presupuestarios significativos.
Estos recortes han obligado a la AVL, creada por consenso entre PP y PSPV hace más de dos décadas, a buscar financiación externa en instituciones como el Congreso de los Diputados o la Diputación de València para mantener proyectos clave, como el programa de l'Escriptor de l’Any.
La presión sobre la institución ha sido una constante en los últimos meses, con debates sobre su función e incluso propuestas para cambiar su ley de creación. Sin embargo, la AVL ha mantenido su criterio técnico en una materia de su estricta competencia.
La resolución sobre el topónimo de València reafirma la independencia de la AVL en sus decisiones filológicas, a pesar del entorno político. La institución se mantiene firme en sus criterios, basados en la investigación y el consenso académico, para fijar la normativa lingüística del valenciano.
El Futuro del Topónimo
Con la negativa de la Acadèmia, el nombre de la ciudad se mantiene como València. La decisión es un respaldo a la forma que ha sido oficial durante la última década y que cuenta con el aval histórico y filológico de la máxima autoridad en la materia.
El informe detallado con los argumentos completos de la AVL se hará público próximamente, una vez sea remitido formalmente a la Generalitat. Este documento servirá para clarificar las bases científicas de la resolución y cerrar, al menos en el ámbito administrativo, un debate que combina identidad, historia y política.
La ratificación del nombre "València" subraya la importancia de los criterios técnicos y académicos en la definición de la toponimia, un campo que a menudo se convierte en escenario de disputas políticas, pero que encuentra en instituciones como la AVL un árbitro basado en el conocimiento y el estudio lingüístico.





