La administración valenciana se enfrenta a una tormenta perfecta que combina una profunda crisis de vivienda, un sistema de movilidad al borde del colapso y una inestabilidad preocupante en la gestión de emergencias. Estos tres frentes, que afectan directamente a miles de ciudadanos, revelan problemas estructurales en la planificación y una falta de coordinación metropolitana que agrava las consecuencias.
Desde irregularidades en la adjudicación de viviendas de protección pública hasta la dimisión de altos cargos en el sistema de protección civil tras la DANA, la situación actual pone de manifiesto la urgencia de abordar desafíos que llevan años sin una solución integral.
Puntos Clave
- La adjudicación de vivienda pública está bajo escrutinio por presuntas irregularidades en València y Alicante.
- El transporte público y el tráfico privado en el área metropolitana de València sufren un colapso recurrente por falta de planificación.
- La cúpula de Emergencias de la Generalitat atraviesa una crisis de liderazgo tras la dimisión de un alto cargo por su gestión en la DANA.
- Expertos y oposición señalan la falta de una estrategia metropolitana coordinada como la raíz de muchos de estos problemas.
El laberinto de la vivienda pública
El acceso a una vivienda asequible se ha convertido en una carrera de obstáculos para muchos valencianos, especialmente para los más jóvenes. La situación ha llegado a un punto crítico con la aparición de presuntas irregularidades en la gestión de la vivienda de protección pública (VPP), un recurso esencial para las familias con menos recursos.
En València, una operación de permuta de parcelas municipales en Malilla y Nou Moles a cambio de un edificio con 39 VPP en Patraix ha sido paralizada y se encamina hacia la Fiscalía. El proceso se detuvo cuando los pisos ya estaban en fase de adjudicación, ante indicios de que el Ayuntamiento podría haber obviado partes clave de los pliegos del acuerdo.
Un problema extendido
Este caso en la capital se suma a otro escándalo similar destapado en Alicante, lo que sugiere un patrón de falta de control político y transparencia en los procesos de adjudicación urbanística. Mientras los expedientes se investigan, la demanda de vivienda no cesa.
La desesperación ciudadana quedó patente en Alzira, donde decenas de personas hicieron cola durante varias noches a temperaturas gélidas para poder optar a una de las 123 viviendas de promoción pública disponibles. Esta imagen refleja la enorme brecha entre la oferta y la necesidad real.
Movilidad al límite: un colapso anunciado
La crisis habitacional tiene un efecto dominó directo sobre la movilidad. A medida que los precios en la capital se vuelven prohibitivos, más ciudadanos se ven obligados a buscar residencia en el área metropolitana. Este desplazamiento masivo alimenta diariamente el colapso de las principales vías de acceso y satura un sistema de transporte público que se muestra incapaz de absorber la demanda.
Tanto el servicio de Cercanías, dependiente del Gobierno central, como Metrovalencia y Metrobús, gestionados por la Generalitat, y la EMT del Ayuntamiento, evidencian una falta de capacidad y coordinación. Los usuarios denuncian retrasos constantes y una saturación que ha llevado a muchos a abandonar el transporte público y regresar al vehículo privado, empeorando aún más la congestión.
Una responsabilidad compartida
La gestión de la movilidad es, por definición, supramunicipal. Sin embargo, los ayuntamientos se ven desbordados y carecen de una visión conjunta. Las administraciones de todos los niveles no han logrado articular una respuesta coordinada y a largo plazo para un problema que afecta la calidad de vida y la productividad de la región.
Este desafío requiere una perspectiva que vaya más allá de los límites municipales, algo que los principales partidos políticos no han impulsado de forma decidida. La falta de una autoridad metropolitana de transporte con poder real deja a los ciudadanos atrapados en un ciclo de tráfico y esperas interminables.
Emergencias bajo sospecha tras la DANA
A los problemas de vivienda y movilidad se suma una tercera crisis: la gestión de emergencias. La confianza en el sistema de protección civil se ha visto seriamente dañada tras la gestión de la DANA del pasado 29 de octubre. La falta de coordinación metropolitana durante la catástrofe y en la posterior reconstrucción ha dejado al descubierto importantes fallos en el sistema.
La situación se ha agravado recientemente con la dimisión del máximo responsable de los bomberos forestales. Su renuncia se produjo después de declarar ante la jueza que investiga la gestión de la DANA. Según ha trascendido, el ex alto cargo, cuya esposa es la secretaria autonómica del área, habría intentado ocultar a la justicia vídeos grabados en el Centro de Coordinación de Emergencias (Cecopi) durante el día de la inundación.
La gestión de un departamento clave para la protección civil sigue sin un rumbo claro, afectada por una herencia política compleja y una crisis de confianza interna y externa.
El conseller de Emergencias, Juanfran Pérez Llorca, se enfrenta a un enorme desgaste a poco más de un año de asumir el cargo. Heredó una estructura influenciada por la narrativa de su socio de gobierno, Vox, que calificaba de "chiringuito" al anterior sistema de emergencias. Ahora, debe nombrar a un sustituto solvente y restaurar la credibilidad de un servicio esencial para la seguridad de todos los valencianos.
La urgencia de una visión metropolitana
Los tres frentes de crisis —vivienda, movilidad y emergencias— no son problemas aislados, sino síntomas de una misma enfermedad: la ausencia de una planificación a largo plazo y una gestión con visión metropolitana. La reconstrucción post-DANA volvió a evidenciarlo cuando en los grupos de trabajo mixtos entre Gobierno y Consell nadie planteó la necesidad de una coordinación del entorno metropolitano.
Mientras se atiende lo urgente, como las infraestructuras hidráulicas o la salud mental, se sigue posponiendo lo importante: crear un marco de gobernanza que permita afrontar de manera integral los retos de un área urbana que funciona como un único organismo. Sin esta visión, las soluciones seguirán siendo parches temporales a problemas estructurales cada vez más profundos.





