En un sector de la moda dominado por las tendencias efímeras y la producción en masa, una joven empresa valenciana llamada Flama emerge con una propuesta radical: gafas diseñadas para no ser reemplazadas. Fundada por el emprendedor Luis García y el diseñador griego Paris Koutsavelis, la firma ha desarrollado un innovador sistema que permite reparar cada componente de sus monturas, desafiando directamente el modelo de negocio de la obsolescencia programada.
La compañía no solo apuesta por una estética distintiva, que ellos mismos definen como “minimalismo brutalista”, sino que prioriza la durabilidad y el servicio postventa. Su enfoque se centra en crear un producto que pueda acompañar al usuario durante años, una filosofía que ya ha comenzado a captar la atención del mercado internacional.
Puntos Clave
- Flama es una empresa de Valencia que fabrica gafas diseñadas para ser completamente reparables.
- Han creado el "Modular Repair System" (MRS), que permite sustituir cualquier pieza de la montura.
- Su estética se define como "minimalismo brutalista", dirigida a un público que busca diseños únicos.
- La marca ha iniciado su expansión internacional tras una exitosa presentación en ferias del sector en Europa.
Primero reparar, después diseñar
La idea central de Flama es inusual en la industria de la moda. Antes de crear su primera colección, sus fundadores se centraron en desarrollar un sistema que garantizara la longevidad del producto. El resultado es el Modular Repair System (MRS), un proceso mecánico que rompe con las técnicas de fabricación convencionales.
En lugar de utilizar resinas o piezas inyectadas que fusionan los componentes, las monturas de Flama se ensamblan mediante tornillería. Esto permite que cada elemento, desde las varillas hasta el puente, pueda ser desmontado y sustituido de forma independiente. “Lo verdaderamente sostenible es que algo se fabrique una vez. Si lo haces pensando en que puede repararse y alargar su vida útil, ¿qué hay más sostenible que eso?”, reflexiona Luis García, cofundador de la empresa.
Un kit para el óptico
Para facilitar este proceso, Flama proporciona a cada óptica que distribuye sus productos un kit de mantenimiento y reparación. Este set incluye destornilladores específicos y tornillos de diseño propio, permitiendo que las reparaciones se realicen directamente en el punto de venta, de manera rápida y eficiente.
Este compromiso con la durabilidad se extiende más allá de la garantía legal de tres años. La empresa ha creado un seguro llamado "Artefact" que asegura la disponibilidad de piezas y servicio técnico a largo plazo. “Si dentro de seis años quieres mantener tus gafas, la ley no te ampara, pero nosotros nos comprometemos a repararlas”, afirma García.
Una estética con identidad propia
La funcionalidad no está reñida con el diseño. Flama ha desarrollado un lenguaje visual muy definido que denomina “minimalismo brutalista”. Sus monturas presentan líneas marcadas y una estética conceptual que se aleja de las tendencias masivas.
La primera colección está fabricada en acetato de celulosa fresado, un material de alta calidad que permite acabados precisos. A esta se suma una segunda línea de titanio puro, que incorpora varillas de beta titanio. Este último material aporta una mayor flexibilidad y reduce significativamente el peso de las gafas, ofreciendo comodidad sin sacrificar la resistencia.
“Hemos creado un ADN estético muy claro. Con el tiempo iremos ampliando hacia gustos más amplios, pero siempre manteniendo ese ADN creativo”.
Este enfoque en el diseño de autor busca atraer a un consumidor exigente, que valora tanto la estética como la calidad y la filosofía detrás del producto. No pretenden competir en volumen, sino en valor y diferenciación.
Navegando en un mercado de gigantes
La industria óptica global es un oligopolio donde unos pocos grandes grupos controlan la mayoría de las marcas y la producción. En este contexto, Flama se posiciona como un proyecto independiente que busca su hueco en un nicho de mercado específico: las ópticas boutique.
Estos establecimientos seleccionan cuidadosamente las marcas que ofrecen y valoran las propuestas con una historia y unos valores claros. “Después de las grandes multinacionales hay espacio para proyectos pequeños con propuestas muy claras”, comenta el fundador. La estrategia de Flama pasa por construir una red de entre 80 y 100 ópticas especializadas en España antes de consolidar su salto al exterior.
Redefinición comercial
En una etapa anterior, con una propuesta más comercial, la empresa llegó a estar presente en 400 puntos de venta. Ahora, con su nueva identidad, están redefiniendo su red de distribuidores para alinearse con ópticos que comprendan y valoren su filosofía de diseño y sostenibilidad.
La mirada puesta en el mercado internacional
El equipo de Flama ha validado recientemente el interés por su proyecto fuera de España. Su participación en una importante feria del sector en Milán fue la primera prueba de fuego a nivel internacional, y los resultados fueron positivos.
La marca ha establecido contactos para su distribución en mercados tan diversos como Marruecos, Estados Unidos, India y Australia. En Europa, además de reforzar su presencia en Italia, Francia y Grecia, han despertado el interés de distribuidores en Reino Unido, Bélgica, Suiza y Holanda. “Los mercados del norte de Europa están más abiertos a propuestas conscientes como la nuestra”, explica García.
- Próximo objetivo: Presentar una nueva colección en la feria Silmo de París en septiembre.
- Financiación: El proyecto ha sido impulsado por una ronda de inversión pre-semilla con inversores cercanos y un préstamo público de Enisa.
- Producción: El diseño y prototipado se realiza en Valencia, mientras que la fabricación se lleva a cabo en Shenzhen (China), bajo la supervisión directa de los fundadores.
Con un modelo de negocio sólido basado en la calidad, el diseño y la sostenibilidad, Flama demuestra que desde Valencia se pueden proponer alternativas viables y atractivas en una de las industrias más competitivas del mundo.





