El mercado del alquiler en València ha alcanzado un punto crítico. Actualmente, el 93% de las viviendas disponibles para arrendar en la ciudad tiene un coste mensual superior a los 1.000 euros, una cifra que refleja una escalada de precios sin precedentes desde la pandemia. Esta situación está redefiniendo el acceso a la vivienda y desplazando la demanda hacia el área metropolitana.
Datos Clave
- El precio medio del alquiler en València es de 1.646 euros, un 121% más que en 2020.
- Solo 166 viviendas en toda la ciudad se ofertan por debajo de los 1.000 euros mensuales.
- La oferta total en la capital es de 2.816 pisos, de los cuales más de 580 superan los 2.000 euros.
- Los hogares valencianos destinan de media el 40% de sus ingresos netos para pagar el alquiler.
Una barrera económica para la mayoría
Encontrar una vivienda asequible en València se ha convertido en una tarea casi imposible para muchos ciudadanos. El coste medio de un alquiler en la capital del Turia se sitúa en 1.646 euros mensuales, un aumento drástico si se compara con los 745 euros de media que se pagaban en 2020. Este incremento del 121% posiciona a València como la capital española donde más ha subido el precio del arrendamiento en términos porcentuales en los últimos años.
La oferta actual de viviendas en portales inmobiliarios muestra un panorama desolador para quienes buscan precios moderados. De un total de 2.816 pisos disponibles, solo una pequeña fracción, 166 inmuebles, se mantiene por debajo del umbral de los 1.000 euros. Mientras tanto, en el extremo opuesto, más de 580 propiedades superan los 2.000 euros al mes.
El esfuerzo para alquilar
Según datos de la plataforma inmobiliaria Idealista, una familia media en la ciudad de València necesita destinar el 40% de sus ingresos netos totales para poder hacer frente al pago del alquiler. En el resto de la provincia, este porcentaje se sitúa en un igualmente elevado 37%.
La escasez de opciones asequibles
Las pocas viviendas que se ofertan por debajo de los 1.000 euros suelen presentar características muy específicas. Abundan los bajos y los pisos en fincas antiguas sin ascensor, lo que limita su accesibilidad para muchas personas. Incluso se recurre a estrategias de marketing, como ofertar pisos a 999 euros, para evitar superar la barrera psicológica de los mil euros.
La situación es tan extrema que en toda la ciudad apenas existen dos viviendas cuyo alquiler sea inferior a 700 euros. Una de ellas es un estudio de 20 metros cuadrados en un cuarto piso sin ascensor, cuyo precio fue rebajado recientemente de 950 a 650 euros. Hace apenas cinco años, un presupuesto de 680 euros abría un amplio abanico de posibilidades; hoy, esa cantidad ni siquiera es suficiente para alquilar una de las 133 habitaciones que se anuncian en la ciudad por encima de ese precio.
El impacto del crecimiento demográfico
El desequilibrio entre una oferta menguante y una demanda creciente es uno de los principales motores de esta subida de precios. La rentabilidad de los alquileres turísticos y de temporada ha reducido el número de viviendas disponibles para arrendamiento tradicional. Al mismo tiempo, la demanda no ha dejado de aumentar, en gran parte debido al crecimiento poblacional.
Un polo de atracción poblacional
La Comunitat Valenciana ha experimentado un notable dinamismo demográfico. Desde 2022, su población ha crecido un 5,5%, y el 84% de este aumento se debe a la llegada de población extranjera. Este fenómeno, unido al atractivo laboral de la capital, ha intensificado la presión sobre el mercado inmobiliario local.
La presión se traslada al área metropolitana
Ante la imposibilidad de encontrar una vivienda en la capital, muchos buscan alternativas en los municipios de la periferia. Este fenómeno, conocido como gentrificación por expulsión, está lejos de ser anecdótico.
"El 31,8% de las personas que buscan una vivienda de alquiler habitual en el Cap i Casal tienen que desplazarse a la periferia", según datos de la Asociación de Inmobiliarias de la Comunitat Valenciana (Asicval).
Este éxodo forzoso tiene un perfil claro. Se trata mayoritariamente de parejas, con o sin hijos, con una edad media de 35,6 años. Estas familias acaban alquilando pisos de unos 80 metros cuadrados como primera residencia, pagando una renta media de 874 euros en los municipios del cinturón metropolitano.
Aunque los precios en la periferia son más bajos que en la capital, la tendencia alcista también se está extendiendo. En el resto de la provincia de Valencia, el alquiler medio ha pasado de 675 euros en 2020 a 1.125 euros este año, lo que supone un incremento del 66%. Las localidades con mayor oferta de alquiler, al margen de la capital, son Gandia, Sagunt y Cullera, que ahora absorben parte de la demanda que València no puede satisfacer.
Un mercado en transformación
El mercado del alquiler en València ha pasado de una fase de ajuste a registrar máximos históricos de forma ininterrumpida. La combinación de una oferta residencial insuficiente, el auge del alquiler turístico y una fuerte demanda impulsada por el crecimiento demográfico y la migración interna ha creado un escenario de precios elevados que redefine las dinámicas sociales y urbanas de la ciudad y su entorno.
La dificultad para acceder a una vivienda digna y asequible se ha convertido en uno de los principales desafíos para miles de valencianos, obligando a muchos a reconsiderar su proyecto de vida en la ciudad y a buscar nuevas oportunidades en el área metropolitana, extendiendo así la presión inmobiliaria a toda la provincia.





