La comunidad iraní en València vive horas de máxima tensión tras conocerse la noticia de un ataque militar a gran escala sobre Irán. A miles de kilómetros de distancia, la preocupación por la seguridad de sus familiares se mezcla con una compleja esperanza sobre el futuro político de su país de origen. La comunicación es casi imposible debido a los cortes de internet impuestos por el gobierno iraní.
Muchos intentan contactar con sus seres queridos en ciudades como Teherán, donde se han reportado bombardeos. Esta situación ha sumido a la diáspora en una profunda incertidumbre, obligándolos a seguir los acontecimientos a través de canales internacionales y redes de contactos, esperando noticias que tardan en llegar.
Puntos Clave
- Residentes iraníes en València expresan su angustia por la falta de comunicación con sus familias en Irán.
- El gobierno iraní ha cortado el acceso a internet, dificultando el flujo de información.
- Existe un sentimiento dual de miedo por la violencia y esperanza de un cambio de régimen.
- Periodistas y ciudadanos iraníes en el exilio analizan las posibles consecuencias del conflicto.
Una Mañana de Angustia y Silencio Digital
La noticia del ataque sorprendió a la comunidad iraní de València en las primeras horas del sábado. Para muchos, la primera reacción fue intentar contactar con sus familiares. Sin embargo, pronto se encontraron con un muro de silencio digital.
María, nombre ficticio de una residente iraní de 40 años que vive en València desde hace una década, relata la angustia de las primeras horas. "Me desperté con la noticia y de inmediato intenté llamar a mis padres. Pude hablar con ellos a las 8 de la mañana por última vez, justo antes de que el gobierno cortara internet", explica. Su familia reside en Teherán, la capital y uno de los objetivos de los ataques.
Este corte de las comunicaciones es una táctica recurrente del régimen iraní en momentos de crisis, diseñada para controlar la narrativa y evitar la organización de protestas. Para los que están fuera, significa una espera agónica, sin saber qué está ocurriendo con sus seres queridos.
"Este gobierno, en vez de notificar lo que pasa, corta internet. La protección en vez de venir de nuestro propio país, viene de fuera".
El Control de la Información en Irán
El gobierno de Irán ha utilizado los cortes de internet como una herramienta estratégica durante años, especialmente en respuesta a protestas masivas como las de 2019 y 2022. Al limitar el acceso a la red, no solo dificulta la comunicación interna, sino que aísla a sus ciudadanos del mundo exterior, dejando a la diáspora en un estado de desinformación y ansiedad.
Sentimientos Encontrados: Miedo y Esperanza
Más allá de la evidente preocupación por la violencia, emerge un sentimiento complejo y contradictorio entre los iraníes en València. La posibilidad de que esta intervención militar pueda debilitar o incluso derrocar al régimen dictatorial genera una tenue esperanza.
"Por una parte estoy preocupada, porque no tengo más información de mi familia, pero por otra estoy contenta porque creo que es una forma de poder liberar al país de este régimen", confiesa María. Este sentir es compartido por otros miembros de la comunidad. "Tengo amigos iraníes refugiados aquí en València y comparten estos sentimientos. Es duro admitirlo", asegura.
Ghazaleh, de 35 años, vive una jornada similar. Mientras trabaja, aprovecha cada pausa para buscar noticias sobre su país, donde reside toda su familia. "Tengo mucho miedo, pero también alegría por si se acaba el régimen", manifiesta entre lágrimas. La dualidad de sus emociones la lleva a preguntarse en voz alta: "¿Esto es posible? ¿Voy a poder volver a mi país?".
La Diáspora Iraní en España
Aunque no existen cifras exactas actualizadas, se estima que miles de personas de origen iraní residen en España. Muchos llegaron buscando mayores libertades personales, oportunidades académicas o huyendo de la represión política. València acoge a una comunidad activa que, aunque integrada, mantiene fuertes lazos con su país de origen.
Esta mezcla de emociones pone de manifiesto la desesperación de quienes han vivido bajo un sistema opresivo. "Quiero enfatizar en el hecho de cómo estará la situación en nuestro país para que algunas personas sintamos felicidad cuando atacan a nuestro pueblo", reflexiona María.
Análisis desde la Distancia: ¿Cambio o Represión?
No todos comparten el optimismo de que un ataque militar sea la solución. Abdollah Abdi, periodista iraní independiente afincado en València, ofrece una perspectiva más cauta y analítica. Para él, la noticia no fue una sorpresa total. "Llevábamos semanas viviendo en una especie de doble realidad. Por un lado, las negociaciones indirectas seguían abiertas; por otro, todo indicaba que el equilibrio era frágil", explica.
Como periodista, su labor es separar los hechos del ruido, pero como iraní, el impacto es inevitable.
"Cuando tu país está siendo bombardeado, sientes que una parte de ti tiembla, incluso estando lejos. No paro de preguntarme qué estará viviendo mi gente dentro del país, bajo un cielo que puede pasar del azul a las llamas en cuestión de segundos".
Abdi se muestra escéptico sobre la posibilidad de que una intervención militar pueda derrocar al régimen. Sostiene que, históricamente, estas situaciones han servido para justificar una mayor represión interna.
"Dada la estructura de poder en Irán, es muy difícil cambiar el régimen mediante un ataque militar", argumenta. "Las condiciones de guerra permiten al gobierno reprimir cualquier protesta con extrema severidad y derramamiento de sangre". Su análisis sugiere que, en lugar de liberar al pueblo, el conflicto podría fortalecer el control del régimen sobre la población civil.
Un Llamado a la Comunidad Internacional
En medio de la incertidumbre, hay un clamor común: la necesidad de apoyo internacional para el pueblo iraní, no solo a través de acciones militares. Ghazaleh lamenta la falta de atención a los movimientos pacíficos que han surgido en el país.
"Necesitamos más apoyo internacional", declara. "En Irán la gente se manifiesta con paz y aún así matan a la gente". Su testimonio refleja la frustración de ver cómo las protestas por los derechos y las libertades han sido brutalmente reprimidas sin una respuesta contundente por parte de la comunidad internacional.
Mientras el conflicto evoluciona, la comunidad iraní en València permanece en vilo, conectada por la preocupación y unida en la distancia, esperando un desenlace que defina no solo el futuro de su nación, sino también el de sus propias vidas y la de sus familias.



