Este año se cumplen 25 años desde que el Ayuntamiento de València instauró la tradición de regalar el espolín oficial a la Fallera Mayor y a la Fallera Mayor Infantil. La iniciativa, que nació en 2001, tenía como objetivo principal eliminar una de las mayores barreras económicas para acceder al cargo y, con ello, democratizar la elección de la máxima representante de las Fallas.
Carmen Prades y Marta Mercader, Falleras Mayores de València para 2026, serán las representantes número 25 en recibir esta tela exclusiva, un tejido artesanal cuyo color de fondo eligen personalmente y que se ha convertido en uno de los secretos mejor guardados de cada ejercicio fallero.
Puntos Clave
- La tradición de regalar el espolín oficial a las Falleras Mayores de València cumple 25 años.
- Se creó en 2001 para reducir la carga económica del cargo y evitar renuncias de candidatas.
- El coste anual para el Ayuntamiento se acerca a los 50.000 euros por los dos trajes.
- La medida ha contribuido a aumentar el número de aspirantes al máximo cargo de la fiesta.
El Origen de una Iniciativa Clave
Para entender la importancia de este gesto, es necesario retroceder a finales de la década de 1990. En aquellos años, era habitual que muchas de las 13 candidatas seleccionadas para la corte de honor renunciaran a la posibilidad de ser elegidas Fallera Mayor de València. La razón era puramente económica.
El desembolso que suponía asumir el cargo era inasumible para muchas familias. Uno de los gastos más significativos era el traje principal, que por costumbre debía ser un espolín, la seda tejida a mano más costosa de la indumentaria tradicional valenciana. Este gasto inicial actuaba como un muro insalvable para numerosas aspirantes.
Un Debate Político y Social
La situación generó un debate público cuando el entonces concejal socialista, Ricardo Olmos, denunció que la elección de la Fallera Mayor se estaba limitando a las familias con mayores recursos económicos. Esta crítica impulsó a la concejalía de fiestas, dirigida por Alfonso Grau, a buscar una solución. Ambas partes llegaron a un acuerdo para que el consistorio asumiera el coste de la tela más importante del reinado.
Lola Flor y Paloma Redondo, en el año 2000, fueron las últimas Falleras Mayores que tuvieron que costear sus propios trajes de la Exaltación. A partir de julio de ese año, se convocó un concurso para crear un diseño de dibujo exclusivo, propiedad del Ayuntamiento, que se utilizaría a partir de 2001.
Un Espolín Exclusivo para las Reinas de la Fiesta
El resultado fue la creación de dos dibujos únicos: el espolín "Fallera Mayor de València" y el "Fallera Mayor Infantil de València". Estos diseños no están a la venta para el público general y solo se tejen para las máximas representantes de la fiesta. El primer telar en confeccionarlos fue Rafael Catalá, del que es heredera la Compañía Valenciana de la Seda.
"Se entiende por espolines de fabricación enteramente artesanal, los efectuados con los medios tradicionalmente usados por la artesanía valenciana desde los siglos XVIII y XIX, sin la incorporación de ningún tipo de mecanismos accionados por otra energía que el esfuerzo y la pericia artesanal del tejedor".
Cada año, las Falleras Mayores recién elegidas escogen el color de fondo de su tela, manteniendo el misterio hasta el día de su presentación oficial. El Ayuntamiento les proporciona 13,50 metros de tela a la mayor y 12,50 metros a la infantil, además de 3,5 metros de seda lisa del mismo tono para la confección de un corpiño de manga larga.
El Coste para las Arcas Municipales
El compromiso del Ayuntamiento con esta tradición supone una inversión anual significativa. Actualmente, el desembolso se aproxima a los 50.000 euros brutos por los dos cortes de tela. El contrato vigente para los años 2025 y 2026 fue adjudicado al telar Vives y Marí, con un coste de 49.000 euros para el espolín de la Fallera Mayor y 45.375 euros para el de la infantil.
Este coste cubre únicamente la tela. El resto de los complementos, así como la confección de los trajes, se gestionan a través de otros concursos públicos, manteniendo la transparencia en el proceso.
Una Tradición Ininterrumpida
A lo largo de este cuarto de siglo, la entrega del espolín no se ha detenido, ni siquiera en épocas de crisis económica. La única excepción se produjo durante la pandemia, cuando Consuelo Llobell y Carla García extendieron su reinado un segundo año y reutilizaron sus trajes. Por esta razón, aunque han pasado 26 años desde su creación, se celebra la 25ª edición de la entrega.
El Impacto: ¿Se ha Democratizado el Cargo?
Con el paso del tiempo, se puede afirmar que la iniciativa ha cumplido su objetivo. Los problemas de falta de candidatas para el puesto de Fallera Mayor de València han desaparecido. De hecho, en la elección de las representantes de 2026 no se produjo ninguna renuncia expresa entre las componentes de la corte de honor.
Si bien es cierto que para ejercer el cargo se sigue necesitando un nivel económico medio, la eliminación del gasto del espolín ha sido un factor determinante. A esto se suman otros elementos que han aliviado la carga económica:
- Mayor visibilidad: Firmas de indumentaria y complementos ofrecen colaboraciones o patrocinios a las elegidas, lo que les permite ampliar su vestuario de forma gratuita o a un coste reducido.
- Edad de las candidatas: La edad media de las Falleras Mayores y sus cortes ha aumentado. Muchas de ellas ya están integradas en el mercado laboral y pueden contribuir económicamente a los gastos del reinado.
- Apoyo familiar y de la comisión: Las familias y las comisiones falleras siguen siendo un pilar fundamental para afrontar un año que, pese a las ayudas, sigue siendo exigente en lo económico.
En definitiva, el espolín municipal no solo se ha consolidado como un símbolo de la fiesta, sino también como una herramienta eficaz que ha permitido que el sueño de ser Fallera Mayor de València esté al alcance de un abanico más amplio de mujeres valencianas.





